viernes, 17 de mayo de 2013

Lo mínimo indispensable (by Felipe Berrios S.J.)


Qué relajo más grande que echarse con el control del televisor en la mano haciendo zapping. Es de los inventos buenos que hay. Que lata era levantarse y cambiar los canales a mano. Con el cambiador, el único esfuerzo que uno tiene que hacer es apretar el botón correcto de la función correcta. Pero esto que parece simple, a veces no es tan fácil, pes son muchos los botones que tiene el cambiador. ¿Por qué tendrá tantos botones el control remoto? ¿Existirá alguien que los sepa usar todos? Y, ¿ese alguien tendrá tiempo de hacerlo?


Que agradable sería un cambiador de canales que tenga solo teclas de prender y apagar, del volumen, del mute y del cambio de canales. Sin embargo, cuando nos venden el televisor, nos muestran como una gran ventaja todos los botones de las múltiples funciones. Y uno suele compara el aparato que, por el mismo precio, tenga un control con más funciones. Eso nos hace salir de la tienda con la sensación que hicimos una gran inversión: más por la misma plata. Y que luego podrá hacer de todo. Pero, una vez instalado el aparato en casa, invariablemente ocuparemos las funciones típicas y las demás no solo nos ser inútiles, sino que se convertirán en un estorbo.

Estamos comprando complicación, comprando tecnología de sobra. ¿Por qué? ¿Por qué no atrae tener tanto botones a nuestra disposición aunque no lo usemos nunca? Hay algo de inseguridad detrás. Queremos aseguradas todas las posibilidades, queremos abarcar más de lo que necesitamos. Sabemos que tal vez nunca usaremos todas las funciones del control y, si alguna vez las necesitamos, de seguro, no sabremos cómo hacerlo.  Pero ese “tal vez lo usemos” pesa mucho para nosotros, nos da seguridad.

Esto sucede con muchas cosas en nuestra vida, así vamos acumulando objetos increíbles que llenan nuestros roperos, cajones, bodegas. Objetos que están allí, ocupando espacios por años “por si alguna vez los necesito…”.

¡Cómo nos apegamos a las cosas y las posibilidades! Nos da cierta satisfacción saber que tenemos todo lo necesario, todo controlado, para cualquier circunstancia. Pero son las cosas no indispensables las que terminan controlándonos a nosotros. La verdad es que el exceso de posibilidades y objetos solo nos complica la vida, al igual que los muchos botones del cambiador de canales. Mucho más felices, menos complicados y más libres seríamos si tuviéremos lo mínimo indispensable.

Para esto es necesario tener claro que quiero en la vida y no confundirme con lo que se me ofrece. Me ofertarán muchas “teclas” que no son malas en sí mismas, pero que distraen o estorban a mi propósito. Así, no todo lo que pueda hacer, es lo que me conviene. Que no nos mareen con tantos botones y ofertas, lo importante es tener claro cuál es el fin de mi existencia, que es lo que busco hacer con mi vida, que es lo importante. Lo demás sobra, distrae y estorba.

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