martes, 30 de abril de 2013

Liderar con pasión


Uno de los problemas actuales de muchas empresas es la falta de pasión de sus líderes. Las empresas lideradas sin pasión están estancadas, sin fuerza, sin energía, sin lucha, cargadas de actitudes del tipo: “total para qué”, “a estas alturas”, “no creo en esas cosas”… están detenidas en el tiempo, rutinizadas, viviendo únicamente dentro de la zona de confort: “si siempre hemos hecho así las cosas…”, “si tampoco nos va mal…” “¿cambiar, para qué?”.
¿Y esto por qué ocurre? Esto les pasa a los líderes que dejan de lado sus sueños en la, que se mimetizan tanto con el día a día, que dejan que la vida les pase de lado, que los sueños que tenían se les apaguen lentamente con el paso del tiempo. Entonces optan por quejarse de todo, y convertirse en unos SIESQUES (“si en este país…”, “si los sueños no se hacen realidad…” )  siempre es más fácil que luchar. Se vuelven viejos o viejas cascarrabias en las organizaciones, y a veces tan solo tienen 30, 40 ó 50 años, pero así están cómodos. Nunca tienen un logro, lo que sí tienen es un racimo de culpables que los van cambiando según la situación. A veces no se lamentan, se sienten tan culpables por la vida que han llevado que ni siquiera tienen energía para luchar hoy.
RECUERDE: Toda persona, todo líder, tiene una misión en la vida. Y en esa misión no puede ser reemplazada por nada ni por nadie, ni la vida puede repetirse. Quizás leyendo lo anterior descrito usted piensa que tiene algo de esto: ¿le digo algo? todos estamos alguna vez ahí, pero ese no es el tema. El tema es cuando siempre está uno ahí; cuando su vida entera en todas sus vertientes está parada; cuando ha perdido la ilusión y las ganas de luchar por todo; cuando vive en rutina y nunca cambia, prefiere lo que ya conoce, aunque no le guste, es conservador, reactivo; ve desde su estancamiento como ocurren las cosas, pero no hace nada por cambiarlas, le da miedo, no se atreve, piensa que es demasiado tarde o que no es el momento adecuado. En definitiva, es un espectador de la empresa y de la vida, y créame hay muchos profesionales así, hoy día, dentro de las organizaciones.
Lo más curioso es que este despido interior, no llama la atención de nadie, ni de la persona que lo vive ni de las personas que la rodean. El profesional que lo padece ejecuta todo de forma mecánica y rutinaria, apagada a nivel mental y emocional, no tiene sentimientos ni deseos propios. Está en la organización, pero no está.
Creo que una de las razones principales es la cultura del microondas: vivimos con prisas, sin parar, apenas tenemos tiempo para nada. Este ritmo es cortoplacista: es una carrera hacia el pasado, pues todo es para ayer, el líder actual está estresado/a, está agotado/a, pero se siente importante sintiéndose así como un superhéroe, y no se da cuenta que necesita parar de vez en cuando y PENSAR, ¿a dónde está yendo?, ¿a dónde está llevando a su equipo?, ¿dónde están sus sueños?, ¿qué le está pasando a la organización?, ¿cuánto hace que no cambia algo?, e incluso plantearse ¿cómo está viviendo su vida?.
Cuando a un líder le asusta la palabra “riesgo” porque le hace sentirse vulnerable, no puede liderar una organización o un equipo. Ahora bien, a las personas les da tanto miedo el riesgo pues si usted busca el significado de la palabra: “El riesgo es la probabilidad de que una amenaza se convierta en un desastre. La vulnerabilidad o las amenazas, por separado, no representan un peligro. Pero si se juntan, se convierten en un riesgo, o sea, en la probabilidad de que ocurra un desastre.” Y claro, leyendo esto, deciden no moverse; yo tampoco me movería. Así que ¿qué tal si cambiamos la palabra y en vez de decir que “en la vida hay que arriesgarse” decimos que “en la vida hay que vivir”? ¿Verdad que suena más suave? Y si lo piensa, es más cierto. Entonces digamos que un líder ha de vivir la organización, sentirla, disfrutarla, saborear su trabajo cada día.
Vivir es una oportunidad única, que como dice Jesús Quintero, “hay que vivirla. Que se sepa que el cartero de la vida nunca llama dos veces. El único pecado imperdonable es no vivir, entregarse a una muerte anticipada, mientras la sangre corre todavía por nuestras venas. Porque vivir no es solo estar en la vida, vivir es participar en la fiesta, actuar, ser protagonista, elegir un papel e interpretarlo con autenticidad y convencimiento. Vivir es ser y conocer; saber por propia experiencia qué es el amor, a qué saben los besos, qué se siente cuando se llega al éxtasis, a la cumbre del placer, qué se pierde cuando un amor se olvida”.
Creo que está muy claro: vivir es ser protagonista de la vida que elige vivir, y vivirla mientras está ocurriendo. Liderar con pasión consiste en vivir cada momento de la empresa y disfrutarlo con intensidad como si fuera el último, es vivir con todos los sentidos, es vivir la realidad que a cada rato te ofrece el trabajo, es amar lo que uno hace, no las consecuencias secundarias detrás de lo que hace. Eso supondría suprimir la pasión, y guiarse por las recompensas; entonces la pasión se apaga y se marchita. Con la pasión no se juega: las fachadas no engañan la pasión.
Los líderes con pasión tienen el aspecto de seres que están contentos con vivir, irradian energía, fuerza, amor por lo que hacen, carisma, ilusión…hacen lo que quieren en la vida, y eso les mantiene vivos. Los líderes con pasión no venden su alma al poder, a la grandeza, a la fama y/o a la admiración de los demás; se mueven en el mundo como seres libres; se dedican a lo que realmente quieren; son independientes en su forma de ser, hacer y pensar. No buscan impresionar, sino ser quienes son, al precio que sea, lo cual requiere más coraje que seguir el marco establecido, pues el solo hecho de comportarse así provoca los resentimientos más viles del resto de los humanos. La recompensa merece la pena: estar vivo.
Sin embargo, son muchos los líderes que jamás la han sentido, ya que prefieren, como dijimos, moverse en la vida en el campo de lo conocido, en vez de intentar descubrir qué es lo que en verdad les hace vibrar. Todos estamos capacitados para sentir esa fuerte energía, no puede ser cierto eso de que existen personas apasionadas y personas desapasionadas. Yo, al menos, nunca me lo he creído. Lo que sí sé es que existen personas que en la vida buscan, luchan y se arriesgan, y personas “cómodas” que aunque no sientan esa energía y esa fuerza de la pasión, jamás se arriesgan. No se dan cuenta de que el cambio es el principio básico del universo. Todo cambia.
RESUMEN: “No puede liderar con pasión sin sentir pasión por lo que hace”. No olvide que la calidad de vida depende de dos factores: de cómo experimentamos el trabajo y de nuestras relaciones con otras personas. Solo los líderes apasionados fluyen con la vida, por eso dan tanto valor a su calidad. Le dejo para acabar con una cita de Javier Urra que creo que lo resume todo: “Estar vivo es mucho más que no estar muerto, es nacer a cada instante, conocedores de que la vida es efímera, fugaz, apreciemos el milagro de vivir con pasión enamorada. Remansemos el presente, hagamos las paces con el pasado, aprendamos a fluir, propiciemos motivos para el agradecimiento, elijamos alguno de los futuros posibles, pues somos memoria del futuro, todavía intacto”. Gracias a la vida que nos ha dado tanto.

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